Cuando uno llega a cierta edad pierde el interés por algunas cosas. Descuida su aspecto, se convierte en solitario y huraño, se hace sedentario, sólo habla de sus achaques, se convierte en el pesimista eterno, se considera un parásito social, un estorbo. La vida sigue. No hay que permanecer esperando a la muerte, a ver si aparece al doblar la esquina. La mente debe permanecer activa, hay que relacionarse, comunicarse, dejarse ver. Hablar, habl
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