La niña – que aún no tiene nombre - está ya en la pole position con la cabeza completamente encajada en la pelvis. Mi pelvis. Como pesa ya tres kilos y doscientos gramos, no tiene mucho espacio para moverse, así que empuja con las piernas contra mis costillas. Mis costillas. Y mi esternón. No voy a entrar en detalles sobre las molestias que esta situación me origina (ni sobre las noches insomnes ni los problema
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