Si tener una jefatura del Estado hereditaria en el siglo XXI es, cuando menos anacrónico, lo que parece tremendo es que el titular de la misma se dedique a glorificar a los dos dictadores que tuvo este país en el siglo XX.
Si tener una jefatura del Estado hereditaria en el siglo XXI es, cuando menos anacrónico, lo que parece tremendo es que el titular de la misma se dedique a glorificar a los dos dictadores que tuvo este país en el siglo XX.