Tuve la poca gracia de ser acogida por una novia para ser parte del séquito de chicas cuyo término de “damas” a más de alguna no le queda ni colgándoselo del cuello y lo de “de honor” pues ya ni digamos, en fin, que seré parte del selecto grupo que acompañarán a la susodicha camino al altar el día de su boda.
La idea en realidad no me mata de felicidad precisamente, pues esos enjutes desde que era niña me han parecido d

Entrar