Antes de que la columna de Álvarez Rementería ocupara la localidad de El Castillo de las Guardas, en Sevilla, en agosto de 1936, muchos de sus vecinos decidieron huir al monte.
Ya iniciado 1937 y tras la falaz llamada al retorno de quienes no tuvieran las manos manchadas de sangre, los huidos se reunieron para discutir su regreso y entregarse a las autoridades rebeldes.

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