Nos sigue sorprendiendo que algunos de los poemas más hermosos de la literatura no fuesen una extensión del dolor o de la euforia del poeta, sino un juego, un ejercicio de apropiación de moldes ajenos, un acondicionamiento de tópicos y engranajes a la propia pluma. El Romanticismo nos inculcó ese prejuicio que todavía conservamos e impide entender plenamente que la literatura puede transformar un sentimiento ajeno en un dolor o un grito que vo
Impostura y verdad en el amor literario
2 años · Escrita desde Santiago de Compostela, España · Comparte:
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