El delegado de la Álvaro Obregón, Eduardo Santillán, está lejos, ¡pero muy lejos!, de ser una blanca palomita y los nexos con giros negros, prisiones privadas, torturas e intimidación, a quienes han osado quejarse de anomalías (algunas) en su demarcación, han vivido pesadillas severas.
Ayer trascendió que este personaje está ligado a otro antro de pésima reputa

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