Por desgracia, la deriva social de Italia ya no sorprende a nadie. Las aberraciones berlusconianas han hecho que este país en poco tiempo sea un ejemplo de intolerancia, xenofobia y de falta de libertad de expresión.
Aquella Italia de los años setenta, la que muchos pretendíamos que fuera el modelo a imitar en nuestro camino de transición, hoy queda lejos, tan lejos que está irreconocible.

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