Siempre he defendido desde las páginas de este blog –y cuanto más tiempo pasa lo tengo más claro– que lo sucedido en los últimos años con Tussam responde a una estrategia cuya finalidad es la destrucción progresiva de la empresa hasta la desaparición o su reducción casi al absurdo tras seis décadas de historia y de ser el emblema de

Entrar