Pese a estar ambientada en un pueblecito protestante del norte de Alemania en los albores de la Primera Guerra Mundial, la ganadora de la última edición del Festival de Cannes no pretende ser, a la postre, una reconstrucción histórica de los motivos que llevaron al país germano al infierno de la barbarie nazi, sino, en coherencia con el resto de la obra de su realizador, una nueva reflexión sobre las raíces del mal
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