Las decisiones, las propias y las ajenas, siempre tienen consecuencias en la vida, una veces previsibles y otras, por el contrario, imposibles de prever por más que queramos planificarlas. Aquellas que son tomadas a voleo, sin tiempo para adecuarlas a las circunstancias son la peores, puesto que sus consecuencias suelen ser las más sorpresivas y desbordantes.

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