Este sábado, trasteando en el jardín, Primavera obliga, he encontrado una moneda, cien pesetas que dormían el sueño de los olvidados desde hace más de diez años. Una década hace que no le sobamos el morro a los vikingos y me ha parecido una señal de buena suerte. Tempus dixit.
Basta de recuperación y esas zarandajas. Es la hora de la verdad, con mayúsculas y con enormes dificultades porque una cosa es que critiquemos el estilo florentin

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