Se acabaron las inauguraciones, los dispendios con los colegas para vender la burra a buen precio, aunque Sevilla se sumerja en un frenesí de pavimentos levantados, calles volteadas en contra de la más elemental de las normas, el sentido común, y en una vorágine de tráfico estancado a cualquier hora del día.
Concluye el plazo para rentabilizar eso que llaman “logros”, pero que las más de l

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