En cierta ocasión tuve un paciente que por causa de su enfermedad no podía ingerir alimentos sólidos. No daré más detalles científicos, no creo que venga al caso.
Una tarde me senté a charlar con él, pues le veía muy desanimado. Se trataba de un hombre portugués que pasaba la cincuentena. Había dedicado su vida al estudio de la epistemología. Estaba divorciado y lejos de su hogar. En ocasiones algún amigo suyo hacía el viaje desde Lis

Entrar