La intimidad de la naturaleza
En la naturaleza no se puede entrar de cualquier modo, sino en silencio, despacio y con reverencia, como en un templo. Si se logran acallar nuestras propias voces y penetramos en ella, entonces, su intimidad satura de placer. A ella no le importa mostrarse, pero es cautelosa y escurridiza: los montes y las nubes desfilan con descaro, mas sólo su belleza auténtica es catada por los verdad... —
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