“Chuang Tse lloraba amargamente a la puerta de su casa por haber perdido la llave. Un vagabundo pasó junto a él y le recriminó por su llanto.
-Deja de llorar por no tener llave, pues alguien la encontrará y podrás volver a entrar. Piensa en cambio en los que no tenemos siquier

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