La muerte de dios
La puerta de la habitación se cerró y todo quedó con un silencio oscuro que sólo rompía la respiración de Max, su miedo, y los ecos del padrenuestro que acababa de rezar. Dios estaba en todas partes, le habían dicho, y eso era lo que más miedo le daba. No se podía huir de él y esa noche seguro que sería la que vendría y se lo llevaría para que no pudiera ver de nuevo el sol ni jugar a ha... —
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