Desde hace años, siempre me lanzo a la calle la mañana del día de navidad para tomar el primer café en cualquiera de esos pocos bares que abren sus puertas y se convierten en un muelle perfecto para el atraque de los buques varados en el océano de soledad que provoca la resaca de la noche anterior.Las calles bostezantes, las avenidas grises, se ven salpicadas por seres anónimos y solitarios que deambulan de un lado para otro sin
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