Entre 1777 i 1822 se construyeron en Escócia los canales de Forth & Clyde y el Union para conectar por agua las dos principales ciudades del país: Glasgow y Edimburg.
Pero al finalizar los dos canales se encontraron con el problema de cómo conectarlos, dado que entre ellos hay un desnivel de 24 metros de alto y no había espacio suficiente para construir un sistema de esclusas convencional.

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