La serpiente
La conocí en un bar. Me acuerdo de ella por el perfume de durazno y porque después de hablar cinco minutos me agarró la mano y me dijo: me gusta tu mano, porque tiene dedos grandes, pero la palma chiquita. El Ruso cuando nos presentó me había dicho que estaba medio loca. No sé si a ella le había dado de las pastillas que él estuvo repartiendo, en todo caso la mía todavía no hacía efecto.... —
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