Fui a ver a una tarotista y estuve dos horas con ella. Bueno, no fui para que me echara las cartas sino para que me hablara de su profesión. Fui en plan profesional. Sentía curiosidad.
Es una chica voluminosa en todos los sentidos: voluminosa en carnes y en amabilidad. Y en simpatía. Nos hemos hecho amigos y me ha prometido regalarme un juego de cartas del Tarot.

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