Desde Platón, la problemática de la verdad ha sido analizada como un atributo del discurso, como el fruto de una justa conexión entre los signos lingüísticos y las esencias de los objetos.
Toda la filosofía analítica sienta sus bases en esta idea de la verdad. Razón por la cual, a finales del s. XIX y a lo largo de todo el s. XX, la filosofía del lenguaje ha llegado a intoxicar todos los centros de la reflexión filosófica.

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