No he de negar que mis genes no carecen de ese gusto que tenemos las féminas de colgarse del monedero y salir airosas al primer centro comercial que nos quede de camino, con el fin de refinar los gustos y zarandear la tarjeta de crédito con un buen vestido o unas buenas chanclas dignas de aparador.
Eso sí, tiene que ser mucho para que yo me deje llevar por mis neuronas compulsivas a tales fines, lo cual no pasa con una de mis amigas a qu

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