Uno de los peores terrores a los que se enfrenta la ciudadanía de cualquier país que se precie es sufrir en sus carnes la dentellada sanguinaria de las chicas de oro. Sí, sentir en la yugular la feroz acometida de Moody’s, Standar and Poor’s y Firch, las tres castas doncellas a las que les basta evaluar a un país entero de un aprobado a un insuficiente, o lo que es peor a un muy deficiente, para que todo bicho viviente se pon

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