Pocas cosas tienen la capacidad de sorprender a las putas de la calle Ravel. Los burdeles son como praderas inmensas por donde cabalga a sus anchas la franqueza, de ahí que las putas de la calle Ravel, visto lo visto durante su vasta experiencia sondeando todos y cada uno de los estratos de la sociedad que se reclinan sobre los filos de sus camas desvencijadas, hubieran llegado a la conclusión de que ya no existía cosa en el
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