A todos nos sorprendes situaciones ridículas, en las que la burocracia o los procedimientos toman estúpidamente más importancia que la actividad o el objeto en sí.
Nos resulta inconcebible que no tener la firma correcta en una autorización, anule una escucha como prueba pericial en un juicio, en la que alguien se declare culpable de los más terribles asesinatos.

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