El hallazgo fue curioso, porque yo no suelo fijarme en los estantes traseros del mostrador de las gasolineras, ni tuve, además, que esperar apenas para que me cobrasen. Pero me fijé: una lata baja, como de conservas, lucía la leyenda “Aire puro gallego”; una etiqueta marcaba 3.5€. ¿Y dentro?, pregunté al dependiente; dentro no hay nada, sonrió. Al menos no mienten, me despedí. Me pareció la esencia del turismo: vender aire, humo, avatares. El
Literatura turística I
1 año · Escrita desde Santiago de Compostela, España · Comparte:
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La crisis de la sociedad industrial
Ahora, con la bendita crisis, se vuelve a hablar de economía y noto que algunos cerebros a mi alrededor chirrían intentando comprender. Lógico. Un desinterés tan prolongado (¡toda una vida!), conduce ... —

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