La ventisca vespertina de estos días, esa llena de calor y que augura que lloverá bastante en verano, arrastraba las hojas y uno que otro olor, como el del pan recién hecho de la panadería de la otra calle, entremezclado con el olor a gasolina que siempre anda tirando la vieja carcacha del vecino.
Esa ventisca también arrastró a mi mejor amiga de la infancia, que después de casi 10 años de no vernos apareció en el umbral de mi c

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