Entiendo perfectamente al emisario de Dios en la Tierra. Hay que ver lo que tiene que estar sufriendo. Con una campaña en contra de la Iglesia, que se están inventando para desprestigiarla –me refiero a “la falsa acusación” de pederastia—, con los seminarios y conventos casi vacíos por culpa de un mundo sin valores, con una disminución del número de fieles, el pobre Ratzinger no ha tenido más remedio que salir al contraataque.

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