Hace ya mucho tiempo, en los años de la conquista de América, el clero y muchos de los pensadores de la época, pregonaron que los indígenas carecían de alma y no merecían poseer los derechos fundamentales de los cuáles los españoles contaban, memorando así muchos de los más cruentos abusos y excesos a la nueva población del continente.
Pasados los años, los humanistas y los revolucionarios del pensamiento dieron igualdad –sino plena sí

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