Contra todo pronóstico, los dos muchachotes de la casa, que hasta el mismo día del parto no querían ni oír hablar de la inminente ampliación de la familia, han acogido con verdadero entusiasmo a su hermanita. Casi diría yo que hasta con demasiado, sobre todo el pequeño, al que para evitar que se sintiera destronado y sufriera celos durante los días que estuvimos en el hospital le convencieron tías y abuelos de que la hermanita era sólo suya, excl
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