Durante la permanencia del circo en la aldea, el pequeño Benjamin había trabado amistad con el hombre en cuyo carromato viajó al volver de Belluno.
Éste era un joven de cerebro retrasado pero de singular robustez y fuerza. Las manos enormes le servían para trabajos que otros no podían hacer. Sus compañeros lo llamaban Bestia y como a tal lo trataban.

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