El caso de las falsas prejubilaciones en los ERE con cargo a la Junta de Andalucía ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de ciertas prácticas demasiado habituales en las oxidadas estructuras de los partidos políticos, que permiten que individuos de ese talante alcancen cuotas de poder casi inexpugnables por el mero hecho de poseer un carné y ser amigo fiel del dedo apuntador que efectúa los nombramientos.

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