Esto de la política, además de su intríngulis, arrastra su caudal de miserias, ya sabéis esos lodos malolientes que se ocultan celosos para que nadie pueda percibir el fétido cenagal que se oculta detrás.
Es de lo más habitual contemplar revolotear alrededor de los políticos a elementos de dudosa catadura moral, avizor de la migaja que se desprenda de las manos

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