Chávez no es un demócrata. Su constante desprecio y atropello contra quienes piensan distinto a él, así como su freudiana admiración por el patético Fidel (“mi padre Fidel”) serían suficientes señas para confirmar tal afirmación. Pero, peor aún, el obsceno control sobre los poderes públicos y el impúdico sometimiento del CNE, TSJ, AN y Poder
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