En Me va a encantar el siglo XXI, el poeta canadiense Mark Strand pone en juego su pericia retórica para construir un espacio donde los trabajos y los días de los vivientes se hacen extraños, a imagen y semejanza de una naturaleza interferida por los artefactos de la cultura, sus piezas alienantes y su luz cenital. Hicimos lo que se nos dio la gana. Nos libramos de sueños, prefiriendo la industria pesada de cada uno, y le abrimos las puertas al d

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