Soy pastafari. Que le vamos a hacer, ¡he visto la luz! Está claro que la fe mueve montañas y yo, qué quieren que les diga, por mucho que haya recibido una formación del catolicismo, de cuyo catecismo todavía me acuerdo –¡y quién no!—, su fe no me ha entrado. Y mira que hubiera sido fácil, pero yo ni tan siquiera llegué a ser monaguillo, cuestión muy corriente en los niños de mi generación.

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