El fenómeno incontrolable e incontenible ha ocurrido de nuevo. No se trata ya tanto de una tautología cósmica como de una cómica deontología de las reglas del previsible azar. Dicho con otras palabras, el mundo sigue su curso, los movimientos planetarios se suceden y lo más que las criaturas que existimos bajo esa realidad podemos hacer es contemplar cómo nos gobiernan.
Ha pasado otro año. Con el tono más cariñosamente despectivo del

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