Agonizaba la década de los setenta. Acababa de alcanzar la edad de 23 años y no tenía ni trabajo ni tampoco muchas esperanzas de encontrarlo. Lo que sí tenía eran unas ganas enormes de vivir y de transformar de alguna manera aquella sociedad que me estaba asfixiando entre sus muros invisibles y milenarios.
Los andaluces decidimos salir a la calle a pedir tierra y libertad y un referéndum que nos perm

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