Estamos diseñados para conectarnos unos con otros. De cerebro a cerebro existen unos “radares” inter-personales que nos dicen cuándo acercarnos y cuándo alejarnos de los demás. Los niños pequeños se asustan con los payasos cuando tienen los rostros pintados; intuitivamente no pueden descifrar si son de confiar o no.
Cuando nos interconectamos, ocurre una danza emocional

Entrar