Perdonará el lector que haya debido apelar a un título de la deliciosa y perfumada novelística cortazariana, pero por momentos me urge entregar esta nota antes del cierre y no se me ocurre otro camino para ventear, aunque sea entre nosotros -vosotros y yo- esta densa hediondez que nos envuelve, porque el mundo (y España y la Argentina no se salvan) se está literalmente pudriendo.

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