He escuchado, en primera persona, testimonios estremecedores sobre cosas que han estado pasando en nuestro país, en los años 70 y 80, en instituciones regentadas por religiosas católicas y médicos sin escrúpulos.
He escuchado directamente de los afectados, cómo lo que se vendía como una obra de caridad, acabó convirtiéndose en un negocio despiadado.

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