Dicen que los niños siempre son el mejor remedio, las criaturitas desde su inocencia legendaria son capaces de aguantarlo todo sin apenas rechistar. Quizá por esa aseveración, que forma parte de las leyendas más ancestrales de la humanidad, a Monteseirín no se le ha ocurrido otra cosa que irles a los niños, los muy pobrecitos míos.

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