Montevideanos. Héctor D'Alessandro
Montevideanos. Héctor D’Alessandro El Sr. Inspector General de la Salud Pública salió de su oficina a las cinco. Cuando iba a verlo a su oficina, siempre me hacía esperar. Como era su hijo, no podían echarme y el subinspector, un tal Alvaro que esperaba a que mi padre se jubilara o reventara de una vez, se dedicaba a sacarme al terrado, donde estaba el baño y desde donde se podía ver, en... —
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