¡Qué barbaridad! Ni los vinos se respetan. Algo tan noble como esa bebida de los dioses debe de estar bien vestida, ataviada para la ocasión. No se le puede tratar como a cualquier cosa.
Pues nada, que el hombre es capaz de cargarse lo más pintado. Este mundo está perdido. Los responsables de la firma Hahn Family Wines que parecía seria decidieron llevar la obscenidad, la impudicia, la inmoralidad a lo más sagrado. Al vino.

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