Estuve el sábado pasado firmando ejemplares de mi nuevo libro en la Feria del Libro de Madrid. Sucedieron en esa mañana dos cosas que me obligan a no hablar de mi libro.
Cuando eran las doce del mediodía y llevaba ya hora y media sentado esperando que se acercara esa cosa tan bonita que se llama “lector”, vino un tipo que me dijo: “Carlos, ¿puedes prest

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