Me gustaría abandonarme al visionado de películas a lo largo de la madrugada, con las luces apagadas y las ventanas abiertas, con chicharras en el exterior y brisa de alivio, con la mínima ropa puesta y girando hacia el blanco y negro a medida que avanza la noche. Pero ese plan casi lúbrico no es posible: ni hay calor suficiente, ni hay madrugada desvelada.
Mi amigo Juanjo, el más grande cinéfilo y cinéfago que

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