Algunos nos alegramos de que seamos un país solidario, de que no nos olvidemos de que hay gente en el mundo que lo pasa peor que nosotros y que necesita que no los excluyamos.Sin embargo, hay otros que son incapaces de desprenderse de la avaricia y el egoismo personal, que no hay más vista que el propio ombligo y que el mundo acaba justo donde comienza la reja del jardín de su casa.Es lo que le ocurre al editor de
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