Mi hija empezó un blog hace un tiempito. Está precioso: lindo diseño, buenas fotos, muchas entradas típicamente adolescentes, y un montón de faltas de ortografía... Pero bueno, ¡está escribiendo! Así que ni ahí me quejo; que logre a poner sus ideas y emociones sobre papel –o pantalla en este caso– es un aprendizaje en sí mismo.
El tema es que ahora entiendo a mi madre cuando me pregunta: “¿Vas a escribir

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