Tristemente recordado por diversos escándalos de corrupción denunciados durante su gestión, Carlos Grosso fue intendente de la ciudad de Buenos Aires entre el 8 de julio de 1989, cuando Carlos Menem asumió la presidencia, y octubre de 1992.
Ante la escalada de reclamos y denuncias que se multiplicaron con el correr del tiempo, finalmente, Grosso se vio obligado a renunciar.

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